Hoy he sentido un temor que nunca antes había sentido. Un mal que se desarrolló en mí durante los 21 años que llevo con vida. Un miedo que afortunadamente puedo revertir por haberme dado cuenta a tiempo. Hoy he sentido miedo a no realizarme como quiero. Miedo a ver que he desperdiciado 21 años de mi vida haciendo cosas que no me han ayudado a superarme. A veces dudo de mi capacidad en lograr quien deseo ser, pero usaré esa duda para superarme y sobresalir en cualquier obstáculo.
Escribo esto en mi casa, recién llegado de mi trabajo, al haber pasado junto a personas que disfrutaban de la compañía de sus amigos. Mientras yo, caminando acompañado de la música que armoniza mi camino, la guitarra que deseo manejar y dominar para realizar otra faceta mía; y una herida en mi pie que dificultaba mi caminata, meditaba acerca de lo que estoy pasando. Es, por decirlo de una forma, un impulso de los que estoy tan acostumbrado.
Camino mientras construyo un mapa mental de lo que será mi proyecto, qué temas traerá en su primer número, cómo será su diseño, su portada; quiénes podrían echarme una mano ayudando en ella, hasta la presentación de mi creación a la sociedad. El ambiente que me rodea se siente liviano, inspirador. Quizá suene algo tonto, pero he creado una parte de mi futuro en mi mente. He creado lo que moverá y mantendrá como una simple ilusión apegada a la realidad.
Sigo mi camino trazado mentalmente a casa por la ruta que siempre hago de mi trabajo a mi morada. 4 kilómetros y medio, cargando con una herida en mi pie y una guitarra acústica, pero, vaya rareza, no me afecta. No siento alguna especie de incomodidad porque voy imaginando las maneras en las que tocaré este instrumento, cuánto tardaré en aprender a tocarla e imaginando las situaciones con mis amigos con los que quiero formar una banda, el género que tocaremos, las prácticas, las reuniones cada dos días, el esfuerzo plasmado en melodías distorsionadas y abstractas; los descansos, las tocadas, las desilusiones, las peleas que tendremos y nuestra mirada al pasado para ver en qué hemos cambiado y mejorado. No me siento mal, al contrario: todo esto me da energía.
Estoy pasando por lo que podría considerar el segundo gran cambio que mi mente hace en cada cierto período de tiempo. El primero fue una revolución de mis ideas, una modificación de mi mentalidad que me llevó a forjarme una ética, la cual poco a poco voy mejorando y aplicando; un razonamiento apegado a la realidad que me rodea sin dejar de soñar, y una autoconciencia, que me ayuda a evitar hacer cosas malas o que afecten a otros. Me han llamado pendejo por tratar de ayudar a la gente, pero no importa, prefiero ser un pendejo que al ayudar a otros me ayude a mí mismo, que una mala persona que refleje una superioridad falsa.
Hoy vivo mi segundo gran cambio, ahora, completamente relacionado con mi vida y el futuro que me espera. Una guerra interna de emociones, sentimientos y anhelos están dominando mi mente. No razono bien, estoy usando mi mente para buscar un camino para realizarme. Suena material, pero veo el lugar donde me gustaría vivir, la casa que me encantaría habitar, el auto que sueño con manejar y la familia que deseo forjar, y me siento vivo y motivado. Todo esto me ayuda, me impulsa a crearme un guía para mi vida: un mundo de ilusiones, convertidos en proyectos, aplicados a la realidad, para, así, poner los cimientos de mi futuro.
A una persona le agradezco encender la chispa de esta revolución interna, una persona que me cautivó con su personalidad, aceptando que será inalcanzable para mí. Éste soy yo: una maraña de sueños convertidos en planes; fracasos convertidos en aprendizajes; desilusiones convertidos en impulsos, y cambios transformados en vida. Me siento con vida. Ahora sé que soy humano.



